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 «Los que dudaban de mí ya tienen suficiente con lo que han visto en Atenas»
 

La vitoriana hace historia al colarse en la final por tercera vez y considera que «creo que ya me he ganado el respeto» «Quiero retirarme cuando quiera, no por imposición»


Almudena Cid ya tiene su sitio en el Olimpo de la gimnasia. La vitoriana hizo añicos todos los anales de la historia al clasificarse por tercera vez consecutiva para la final olímpica de rítmica, algo que no había logrado ninguna otra gimnasta en el mundo. Lejos de contentarse, Cid se hizo con el diploma al adjudicarse el octavo puesto. La actuación le sirvió para confirmar que su presencia en los Juegos era merecida tras ganar la única plaza española a Jennifer Colino. «Los que dudaban de mí ya tienen suficiente con lo que han visto en Atenas», les contesta.

-¿Ya ha asimilado lo que ha hecho?

-Sí, poco a poco. Estoy muy contenta. A medida que iba pasando la competición era consciente del trabajo que estaba haciendo. Lo que no tenía muy claro era el resultado que iba a tener porque estaba viendo que las jueces, en algunos ejercicios, no me estaban dando lo que yo me esperaba. Lo importante era competir bien y al final conseguí todo lo que me había planteado.

-Tres finales olímpicas en otros Juegos. Ha puesto el listón muy alto y seguro que va a costar que alguien repita su hazaña.

-Sí. A nivel mundial esto no lo ha hecho ninguna gimnasta. Así que imagínate hacerlo a escala nacional. Creo que va a tardar mucho en que salga una chica que pueda estar tantos ciclos olímpicos consecutivos a este nivel. Según el sistema que imponga la Federación ahora esto dará pie a que las gimnastas puedan aguantar más tiempo o menos.

-Ya forma parte de la historia de la gimnasia. ¿Se lo podía imaginar cuando empezó hace más de una década?

-No, no. Yo he ido paso a paso, cumpliendo los sueños y objetivos que me iba planteando hasta que llegó un momento en que abrí los ojos y vi a mi alcance el poder hacer historia. Entonces fue cuando realmente trabajé con mucha ilusión y empecé a tener la fuerza suficiente para estar por encima de muchos problemas que se me han ido presentando a lo largo de mi carrera.

-Se ha convertido en un ejemplo para las más jóvenes.

-Sí. En todo este tiempo he estado recibiendo mensajes de gimnastas y ex gimnastas que decían que yo era el espejo donde ellas se miraban. Para mí esto es muy importante. Ya no es sólo que te quieran seguir como gimnasta, sino que admiren todo el trabajo de tanto tiempo.

-¿Qué sintió cuando acabó los Juegos y tenía el octavo puesto asegurado?

-El último día, cuando miré en el marcador que iba séptima, sabía que sólo quedaba la ucraniana para estar por delante de mí y ya enseguida mi cabeza se quedó con el número ocho. Fue increíble porque llevaba arrastrando el nueve desde los otros dos Juegos Olímpicos. En Sydney, la griega se metió delante mío y ahora he conseguido poder ganarla en su propio país -la representante helena fue novena-.

Con el público a favor

-Pese a todo, el público griego estuvo con usted.

-Sí, incluso abuchearon las notas de los jueces en todos los aparatos que hice porque no estaban de acuerdo. Creían que me merecía más. Esto me sorprendió mucho y me hizo valorar que el público estaba conmigo.

-Ha demostrado que sigue siendo muy competitiva.

-Sí, porque las dudas que se levantaron en su día no fueron por parte de los técnicos. Fue algo que se creó porque sólo había una plaza y fue mi supuesta compañera la que empezó a crear todo esto junto a su familia. Al final se generó un conflicto que al fin y al cabo es lo que llama la atención. A mí me dolió mucho. Yo estuve guardando silencio y no quise entrar en ninguna polémica porque lo que creía era que con mi trabajo estaba demostrando mi calidad como gimnasta. Lo quería demostrar en el tapiz y es lo que he hecho.

-¿Tiene algo que decir a los que dudaban de su papel?

-Simplemente que con lo que han visto en Atenas creo que ya tienen suficiente. Yo doy gracias a la gente que me ha estado apoyando desde el principio porque realmente son las personas que me merecen la pena.

-¿Han sido éstas las Olimpiadas en la que más ha disfrutado?

-Sí, por supuesto. Yo creo que la cara lo reflejaba. No he visto las imágenes, pero por lo que me han dicho se me veía superserena, disfrutando, muy segura... Para mí eso es muy importante porque demuestra que el trabajo que he hecho ha sido muy bueno, tanto físico como psicológico.

Juegos Mediterráneos

-Cuando certificó el pase a la final se fundió en un sentido abrazo con su entrenadora, Iratxe Aurrekoetxea. ¿Han sufrido mucho?

-Sí. Hemos visto muchas injusticias a lo largo de todo este año, hemos tenido que pasar momentos muy duros... Tenías que estar siempre demostrando y en ningún momento te daban un voto de confianza. Cuando vi el ejercicio de mazas que había realizado, enseguida me vi en la final. Fue un momento importante porque era cuando caían todas las dudas que se estaban poniendo sobre mí con hechos. Valen más los hechos que todas las palabras.

-Es un poco cabezota. Se empeñó en conseguir el diploma olímpico y ya lo tiene. ¿Qué es lo que se le ha metido ahora en la mente?

-Lo que quiero es retirarme cuando yo quiera. El motivo de haber demostrado todo mi trabajo en esta Olimpiada como lo he hecho ha sido para que yo pueda dejar la gimnasia cuando realmente crea que lo tengo que dejar. Que no haya unas personas que me digan: 'Almudena, tienes que retirarte'. Creo que me he ganado el respeto con esta competición y me gustaría poder competir en los Juegos Mediterráneos de Almería (en julio de 2005). Ya se lo he pedido al presidente delante de la ministra en el mismo Atenas y espero que me lo respeten.

-En diciembre le espera un homenaje en Vitoria. ¿Pedirá una calle al alcalde?

-Ojalá. Me haría muchísima ilusión, por supuesto. Sé que estaba en la mente porque me lo comentaron, pero son hechos que tienes que verlos realizados. Me hace mucha ilusión el homenaje porque me he sentido muy arropada por la gente de Vitoria.

 
 
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